TERCERA FASE DE LA RESISTENCIA DE LOS TALLANES

TERCERA FASE DE LA RESISTENCIA DE LOS TALLANES. CONSPIRACIÓN DE LOS PUEBLOS DE LA CHIRA Y AMOTAPE. HOLOCAUSTO PATRIOTA. Hernando Pizarro retornó de Tum‐bes a mediados de junio, conduciendo a una parte de la gente de Tumbes; la otra se trasladó a Poechos por mar, en algunas balsas tumbesinas y en un barco mercante panameño, cuya tripulación trajo noticias de que Almagro terminaba en el istmo los preparativos para su partida al Perú. Francisco Pizarro decidió recibir personalmente a la gente que venía por mar y dejó Poechos camino del puerto de Paita. Pero poco antes de llegar a él, en un pueblo gobernado por el curaca de La Chira, halló a algunos españoles que habían ya desembarcado, los cuales, muy alarmados, le informaron que se alistaba la resistencia nativa en los alrededores. Refiere Pedro Pizarro que merced a la delación de una india, amante del conquistador Palomino, se conoció que algunos grupos tallanes de La Chira y Tangarara habían acordado aniquilar a los invasores. Incluso alguna gente que venía de Tumbes hubo de fortificarse en una huaca, soportando el asedio de los patriotas. Abundando en detalles, los recién desembarcados refirieron que, temerosos de amanecer muertos, no pudieron dormir la noche anterior, pues vieron ir y venir grupos de indios sospechosos, que andaban “muy alterados y acaudillados”. Pizarro dispuso de inmediato la averiguación de la denuncia. Fueron hechos prisioneros varios comarcanos que, sometidos a crueles tormentos, dieron algunas luces. Refiere Oviedo que “hallóse que el cacique de La Chira, con sus principales y gente, y otro que se llama Amotape, que está el río abajo, cerca de este otro, tenían concertado de matar aquellos cristianos el propio día que el gobernador allí llegó. Por su parte Pedro Pizarro anotó que se hizo la información y en ella (se) halló por ser cierto querer matar a los españoles y haberse juntado para ello”. Apenas conocido ello, el jefe de los invasores ordenó la prisión de los curacas y demás gente involucrada en la conspiración. Se les sometió también a salvajes torturas, a consecuencia de los cuales “confesaron su delito”. Delito llamaron las crónicas españolas a la noble causa india de luchar por la integridad de su territorio y cultura. Nada pudieron alegar los patriotas en su defensa y sin más, fueron condenados a muerte. Según Pedro Pizarro, su vengativo primo “condenó a muerte a trece caciques, y dándoles garrote, los quemaron”. Imponente pira ardió a orillas del río de los tallanes, inmolándose en ella los heroicos defensores de su suelo. A decir de la crónica cristiana, Pizarro perdonó la vida únicamente al curaca de La Chira, buscando ganárselo como aliado y “certificándole que de si ahí adelante no fuese bueno, que en la primera ruindad que le tomase, que le costaría la vida y le destruiría”. El curaca de La Chira fue encargado de administrar en representación de los nuevos amos su pueblo y el de Amotape. El terrible castigo vino a aniquilar aquel proyecto tallán de atacar el campamento de los invasores. Descabezada la resistencia, muertos sus principales comandos, la mayoría de los comarcanos se internaron en las serranías, en tanto los menos prefirieron alinear a las órdenes de los nuevos señores, sirviéndoles por temor, como bien anota Oviedo. A todo esto, ningún apoyo llegó de Atahuallpa para quienes resistían en la costa. Puede decirse que la lucha que presentaron a los invasores los pueblos tumbesinos y tallanes fue absolutamente de carácter locl, sin participación alguna de las tropas del Inca, que persistía en ignorar la guerra que España le había declarado.